La idea: el punto de partida

Identificar un “hueco” de mercado es el primer estímulo de todo emprendedor. Se suele pensar que para poner en marcha una empresa es necesario cubrir algún producto o servicio novedoso, pero lo habitual es que muchas empresas compitan en un mismo mercado.

CincoDías.com – 14/04/2011

Todo nuevo proyecto viene acompañado de un alto grado de incertidumbre, que ha de verse despejada en el plan de empresa. No es fácil explicar cómo surgen las ideas, pues dependen de las circunstancias de cada persona. Los motivos habituales son:

– Repetir las experiencias ajenas. Es el efecto reflejo de los negocios nuevos, frecuente en las épocas de expansión de la economía.

– Nuevas oportunidades de negocio en mercados poco abastecidos, de nueva creación o con un alto porcentaje de crecimiento.

– Conocimientos técnicos sobre mercados, sectores o negocios concretos.

– Afán de independizarse del emprendedor, tras haber acumulado experiencia como trabajador o directivo de otro negocio.

– Un producto innovador con el que se cuenta y del que se estima que puede generar mercado.

– Escasa complejidad. Algunos negocios o actividades permiten a cualquier persona establecerse por cuenta propia.

Convertirse en empresario responde a una serie de factores que han de tomarse en cuenta. Hay que tener presentes los recursos necesarios, las responsabilidades a asumir, así como las consecuencias de una renuncia al puesto actual. El emprendedor debe analizar los cambios en su entorno para hacerse con una buena perspectiva: en los ingresos personales, en el tiempo libre, en el nivel educativo, en el mercado de trabajo o en el ámbito económico del país.

Asimismo, es recomendable investigar acerca de la viabilidad y la permenencia de la nueva empresa en el mercado con los productos o servicios que se pretenden ofrecer:

– Análisis de la demanda. El empresario ha de preguntarse si ya existen productos similares en el mercado o si se está ofreciendo alguna innovación. También es útil saber dónde se concentran los posibles clientes, cuáles son sus hábitos de consumo, etc.

– Análisis de la competencia. Es necesario observar el tipo de empresas en el sector, su regulación administrativa, su organización y tendencias expansivas, etc.

– Estudio de la localización geográfica. La proximidad en el suministro de materias primas y contratación de mano de obra siempre es importante, así como el contacto con los potenciales clientes y la situación entre otras empresas competidoras. Cada zona tiene, además, sus propias subvenciones.

– Estudio del capital preciso. Ha de estimarse una cantidad con la que empezar, aunque no será la misma en todo momento. La posición en el mercado puede ser prevista en función de los progresos alcanzados.

Fuente: Dirección General de Política de la Pequeña y Mediana Empresa

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